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Pasado

  • Foto del escritor: Isabel Sagala
    Isabel Sagala
  • 28 abr 2022
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 29 abr 2022

Mi respiración se ve cortada,

hay un arma filosa aquí en mi alma.

El tiempo borra la memoria,

pero no puede cambiar la historia.

Son los recuerdos los que se encargan

de torturarme cuando la luz se apaga.


Era tu mirada el más ardiente sol

y ahora es difícil ver cualquier color.

Hundirme en un mar profundo

es tan absurdo y da menos miedo

que está oscura soledad.


No hiciste tus maletas,

pero al salir por la puerta...

¿Yo cómo iba a saber

que no te volvería a ver?

Renunciaré a esta vida

pues se cambió de nombre,

ahora se llama agonía.


Sin ti, no hay mí.

Es mentira que hay mil formas

para ser feliz,

pues hacerte sonreír...

Era mi más grande alegría.


Todo fue tan inoportuno,

los malentendidos llegaron

sin aviso alguno.

Era claro que querrías

cosas que yo jamás te daría.


Dejaste las alturas

para estar conmigo.

Tú querías aventuras

y yo encontrar mi camino.

Luego los planes cambiaron

y volvimos a ser amigos.


Nuestras noches con champaña

se olvidaban por la mañana.

La gente nos envidiaba

¿cuánto amor y cuánta fama?

"La pareja extraordinaria".


Luego apareció la furia,

los celos y la amargura.

A ambos se nos hizo fácil,

el charlar aquí y coquetear allá.

Y como era de esperarse

los rumores salieron sin piedad.


Las diferencias

se hicieron evidentes.

No nos importaba el presente,

nuestro futuro era inminente

y nuestro pasado estaba ausente.


Pronto comencé a inquietarme.

Fingir estar tranquilo

para nada era mi estilo.

Así que cuando quisiste dejarme...

Lo siento, ¡no pude controlarme!



Fue mi mano

la que te despidió de este mundo.

Y es mi mano

con la que me despido hoy.

¿A dónde voy? No importa.

Nos veremos de una forma u otra.




 
 
 

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