Esperanza
- Isabel Sagala
- 2 jul 2022
- 1 Min. de lectura
Crucé corriendo el bosque indigno
dejando atrás a mi pobre corcel,
ya que escapaba del príncipe cruel
quien de mi amor se creía digno.
Al ser un mágico no puede ser fiel,
de un engaño yo no pude ver signo.
¿Mi corazón ahora a quién asigno?
¿Quién besara mis labios con sabor a hiel?
Llegué finalmente al intrincado camino,
venía un granjero y su cuino.
Me miraba travieso como un duende,
tomé su brazo siguiendo su rumbo,
mi corazón en mi pecho dio un fuerte tumbo.
Y su gran amor mi cuerpo hiende.





Comentarios